Discurso Pastoral

Para comenzar quiero agradecerles a todos ustedes, los líderes y representantes de todas las congregaciones de la Diócesis de Virginia por las experiencias vividas durante el año pasado, mi primer año completo como su obispo diocesano. Desde cualquier punto de vista, compartimos una muy valiosa y trascendente vida como familia en Cristo. Este discurso pastoral me ofrece el lujo de hacer algo que creo que muchos no tratan de hacerlo tan a menudo o ni siquiera pueden hacerlo: tomar un momento para considerar profundamente lo que significa estar juntos como una diócesis, reflexionar prolijamente lo que ha sucedido y tratar de percibir lo que vendrá o aun soñar sobre lo que podría ser. Al recordar las visitaciones semanales, los campamentos en Shrine Mont, innumerables reuniones, conferencias, retiros, celebraciones y reuniones especiales, me siento renovado por las formas en que nos hemos comunicado y alentado mutuamente durante todo el año pasado. Por la gracia de Dios se nos ha dado la capacidad de mantenernos fieles en el culto y tener un ministerio fructífero. Tenemos mucho: en nuestras manos; al alcance de los dedos y ¡ni qué decir por lo que podríamos alcanzar extendiéndonos un poco! A mi no me preocupa que podemos tomar todo esto por sentado (o ni siquiera reconocerlo), así que espero que mis palabras les animen a pensar un poco en lo que hemos logrado como diócesis, notar las oportunidades y desafíos que enfrentamos, dónde estamos bien y dónde tenemos necesidades.
Pero antes de examinar el tema más a fondo, debo poner “lo primero en primer lugar”: a las personas. Al evaluar el ministerio en la Diócesis de Virginia, nuevamente tomo conciencia de cuánto dependemos de nuestros funcionarios diocesanos. Quiero aprovechar esta oportunidad para darles gracias a ellos en una forma muy especial: ¡muchísimas gracias! Vez tras vez nuestro equipo tan dedicado hacen más allá de lo necesario, trabajando horas extras y asumiendo responsabilidades que normalmente no les competen para asegurar que la diócesis sea servida, particularmente durante este mismo Concilio. Tenemos el equipo más chico de las grandes diócesis nacionales; dos diócesis de nuestro mismo tamaño tienen casi el doble de empleados (40 y 43 comparados con nuestros 23). Pero quiero decirles que a pesar de todo, con quienes contamos ahora, tenemos el mejor equipo de todos.
Me complace mucho ahora darle la bienvenida a nuestro obispo auxiliar, el Rvmo. Ted Gulick, quien comenzó su ministerio con nosotros el 1 de enero después de haber servido durante 17 años como Obispo de Kentucky. Ted y Barbara han regresado a su antiguo hogar en Catlett, Virginia, así que: bienvenidos a casa. El nuevo ministerio del Obispo Gulick marca un momento especial para nosotros y somos muy afortunados de contar ahora con un siervo tan fiel entre nosotros. El aportará valiosas experiencias ministeriales a nuestra diócesis: una profunda espiritualidad, sabiduría pastoral y es un líder muy respetado en toda la iglesia y en la Comunión Anglicana. Además de ayudar en la tarea de todo el episcopado de la diócesis, las responsabilidades del Obispo Gulick naturalmente incluirán las visitaciones y prestará particular atención al cuidado pastoral del clero y sus familias.
Como ustedes saben, la mayor novedad de este Concilio ya la conocen: la próxima jubilación de nuestro muy querido obispo sufragáneo, el Rvmo. David Colin Jones. Después de mucha oración, consultas y planificación el Obispo Jones renunciará a su posición al final del Concilio de 2012. Para entonces habrá servido 17 años como obispo en esta diócesis y 34 años de ministerio ordenado. Por ahora basta decir cuán profundamente agradecido estoy por los años que he podido servir junto con mi hermano obispo y les he llegado a conocer a él y a Kay como amigos muy queridos. Estoy agradecido de tener la oportunidad de compartir un año más de episcopado en el Evangelio antes de que David se jubile. ¡Y les prometo que en el Concilio 2012 le haremos una despedida magnífica!
La futura renuncia del obispo Jones nos deja en manos un tema que ahora debo tratar. La diócesis claramente necesita tres obispos y simplemente debemos continuar la tradición de un ministerio tan excelente como el ejemplificado por el Obispo Jones. Por lo tanto, ahora convoco a la elección de un nuevo obispo sufragáneo para la Diócesis de Virginia y su elección deberá tener lugar en abril de 2012. Este periodo nos permite hacer una evaluación rigurosa que me permita conversar ampliamente con muchos líderes diocesanos y con el comité nominador sobre la clase de ministerio que necesitamos para nuestro próximo obispo sufragáneo. Teniendo en cuenta que debemos dar cabida a los dones específicos del obispo electo, yo presentaré una descripción general de las responsabilidades del nuevo obispo sufragáneo al comité nominador para que se proceda a la búsqueda y también haré lo mismo al 217º Concilio Anual de 2012.
El año 2011 también nos ofrecerá la oportunidad de continuar con la importante tarea de escucharnos mutuamente con el programa “Escucha y hazte escuchar” y que había comenzado en toda la diócesis durante el otoño de 2010. Las cinco sesiones estuvieron abiertas a todos los que quisieron asistir y se hicieron anuncios por medio del Virginia Episcopalian, el boletín electrónico e-communiqué, una carta enviada a todo el directorio diocesano y los anuncios hechos en congregaciones y en los concilios regionales. A estas reuniones asistieron casi 800 personas. Para tratar de ofrecer un ambiente libre de presiones como fuera posible y para evitar que se infiltraran estereotipos o suposiciones, no pedimos que se registrara ninguna información demográfica tal como el sexo, la edad o si los asistentes eran clérigos o laicos. Tampoco identificamos las iglesias que asistieron. Todo esto refleja la clara intención de concentrarnos en lo que se estaba diciendo y no en quien lo estaba diciendo.
Cada una de estas sesiones comenzó con dos preguntas centradas en las características y el significado de la sexualidad fiel en la vida cristiana. Una tercera pregunta concluyó las sesiones con reflexiones sobre la bendición de las uniones de personas del mismo sexo en las iglesias. Todas las conversaciones fueron transcriptas por un taquígrafo que anotó todos los comentarios tal como fueron hechos. El documento impreso con las respuestas a estas tres preguntas es de 247 páginas. Y, sí, he leído todos los comentarios – casi 2000 – y he estado estudiando todos los datos.
La experiencia real de las reuniones, los datos recogidos en esta oportunidad parecieron ser un punto transcendental para la diócesis y estoy confiado que esta apreciación será comprobada a largo plazo. Como hice notar en mi carta anunciando las reuniones, sobre el tema de la discusión de conceptos controvertidos no hemos tenido una buena historia. Los foros posteriores a la Convención General de 2003 fueron muy bruscos y casi con la demonización – tanto por la Derecha como la Izquierda – entre los participantes. En muchos casos los debates en los Concilios Anuales han sido politizados y personalizados. Felizmente las reuniones "Escucha y hazte escuchar" del otoño pasado demostraron un cambio dramático en la postura, el contenido y el tono. Definitivamente se apreció muchísimo la importancia y el espíritu de comunidad. El tono general de estas reuniones fue de confianza, sensibilidad y aun intimidad. Tanto desde la Izquierda como la Derecha se demostró una mayor capacidad de escuchar y comprender los diferentes puntos de vista que podrían esperarse basados en la experiencia anterior y sin dejar de mencionar el respeto y la consideración demostrada al expresarse mutuamente.
También escuchamos que muchas personas continúan bregando con los temas, sin que sus propios sentimientos estén muy definidos. Y sin embargo, esta actitud nos se manifestó como timidez; por el contrario se notó la integridad y el poder de esta actitud. Muchas personas, no solamente estas, sino aquellas que tienen ideas muy claras manifestaron su apertura y la necesidad de enseñanza, tanto a nivel congregacional como en toda la iglesia.
Sin tener en cuenta los puntos de vista, todo esto debe alentarnos porque explicita y claramente es la forma anglicana. Los genes de nuestra amplia dinámica anglicana se vieron manifiestos durante todas las reuniones. Con esto quiero decir que estamos unidos en Cristo en lugar de tener acuerdo sobre los temas. El centro nos sostiene, pero esto no quiere decir la ausencia de cambios o llegar a un cierto equilibrio de poder. Por el contrario, el centro nos sostiene porque el centro no es nadie más que el mismo Jesucristo.
Las preguntas importantes sobre la bendición de uniones de personas del mismo sexo se manifestaron en los comentarios de las reuniones. Para poner estas cuestiones en términos teológicos, la primera cuestión radica en la naturaleza de la bendición. ¿Qué es una bendición? ¿Qué quiere decir? ¿Qué hace la iglesia cuando pronuncia una bendición? ¿Es una bendición inherentemente sacramental? Quién bendice: ¿Dios o la Iglesia? Otro tema se relaciona con el papel de la comunidad en la bendición. ¿Qué papel le corresponde a la comunidad en una bendición? ¿Cuál es la naturaleza del reconocimiento comunitario y el apoyo consiguiente?
Muchos comentarios reflejaron varias ideas y dudas sobre la relación entre la iglesia y la sociedad en su totalidad. ¿Ejerce la iglesia un rol profético al orientar a la sociedad hacia lo bueno? ¿Las nuevas normas culturales están ahora desviando a la iglesia? ¿Es necesario que la iglesia se ponga al día con la justicia de la sociedad? ¿Cómo puede la iglesia abrazar, tratar o acomodar la cultura en una forma apropiada?
Y finalmente, surge el tema de la Escritura. ¿Es la Escritura clara sobre las relaciones entre personas del mismo sexo? ¿Cuál es el lugar que le corresponde a la interpretación y la contextualización basada en la erudición? ¿Qué significa que hay otras partes de las Escrituras (por ejemplo sobre el divorcio y el nuevo matrimonio) que ahora no se aplican tan estrictamente en la ética cristiana?
Obviamente, estas son preguntas muy importantes y que tocan el centro mismo de los temas tratados. Pero también es claro que estos temas son en realidad muy grandes para que yo los trate en este discurso. Pero deben ser tratados. Y así lo haremos por medio de la enseñanza por diferentes medios de comunicación y en reuniones en toda la diócesis durante todo este año. Después de haber escuchado para determinar la situación ahora debemos enseñar para orientar y comprender el curso a seguir. Este es un proceso orgánico y creo que también es útil y esperanzador.
Yo me doy cuenta que hay clérigos y congregaciones que han tratado estos temas de bendiciones, comunidad, sociedad y Escritura en formas que ellos podrían considerar íntegras y concluyentes. Además ustedes recordarán que siempre he afirmado que las relaciones comprometidas, monógamas entre personas del mismo sexo pueden ser posibles en la vida cristiana. Por lo tanto espero comenzar a trabajar inmediatamente con aquellas congregaciones que desean establecer los parámetros de una “respuesta pastoral generosa” convocada por la Convención General de 2009 en relación con las parejas de personas del mismo sexo en las iglesias episcopales. Personalmente espero que la Convención General de 2012 autorice la bendición formal de uniones de personas del mismo sexo para los clérigos y congregaciones que deseen hacerlo. Hasta entonces, tal vez no podamos hacer todo lo que quisiéramos hacer; pero creo que es justo hacer algo y es hora de hacerlo.
Las controversias relacionadas con la sexualidad no deben ensombrecer los temas primarios de misión y ministerio en esta diócesis y entre ellos, algunos son transcendentales. Dentro de dos semanas ordenaré los primeros candidatos de la Diócesis de Virginia para el diaconado vocacional. Este paso histórico es el resultado de un extenso y cuidadoso proceso orientado a enriquecer el ministerio ordenado de la iglesia y al mismo tiempo reforzar e ilustrar al ministerio del laicado. Yo doy gracias por este antiguo modelo y don para la iglesia.
Un aspecto fundamental del ministerio de Virginia es la misión. Yo creo que nadie nos supera en este compromiso. Nuestro servicio a los demás y nuestro ministerio junto con otros inspira e influye literalmente en miles de nuestros miembros. Nosotros valoramos enormemente las relaciones creadas por la tarea misionera. Ya sea en forma nacional o internacional nuestro principio estratégico es ir hacia dónde la necesidad es mayor y dónde el Evangelio puede dar mucho fruto.
Nacionalmente hemos apoyado mucho a la Costa del Golfo con posterioridad al huracán Katrina. Allí tuvimos y continuamos teniendo una importante presencia misionera. Y aquí tenemos muchas oportunidades para el trabajo misionero con el pueblo nativoamericano. Estos ministerios y otras actividades nos recuerdan que la misión es simplemente la tarea de los cristianos y que en todas partes hay valiosos oportunidades: no es necesario irnos lejos para encontrarlas.
En relación con nuestro ministerio internacional, en estos momentos estamos orando particularmente por la paz en el Sudán. Apreciamos profundamente los antiguos y fructíferos lazos que mantenemos con ellos. El reciente referendo sobre la posibilidad de permitir al sur del Sudán convertirse en una nación independiente ciertamente presentará enormes desafíos al Arzobispo Daniel y a toda la Iglesia Episcopal del Sudán. La Diócesis de Virginia confía plenamente que ellos podrán enfrentar los desafíos y hacerlo en forma tan fiel – en realidad, heroica – como lo han hecho en el pasado.
Las relaciones internacionales con otras diócesis y las relaciones de las propias congregaciones continúan siendo vivas y de importancia vital. Además del Sudán, estas relaciones incluyen nuestros compañeros del “Triángulo de la Esperanza”: las diócesis de Liverpool, Inglaterra y Kumasi, Ghana. Por otra parte tenemos la antigua relación con la Diócesis de Cristo Rey (Sudáfrica), varios sitios en Tanzania, numerosos contactos con América Central y del Sur, y contactos con el Caribe. Muchas de nuestras congregaciones tienen, además, relaciones individuales con Uganda, Myanmar, Liberia y Honduras. Durante el año 2010 Virginia envió y recibió misioneros en la solidaridad del Evangelio. En todos los casos, el crecimiento del ministerio y el servicio a los necesitados doquiera se encuentren fue el modelo, la meta y el resultado. Nuestras vidas cristianas se han visto fortalecidas por estas relaciones diocesanas y congregacionales y estamos muy agradecidos a nuestros compañeros en el Evangelio de todas partes del mundo.
Dentro de un mes viajaré a Tanzania. Yo fui invitado a participar en una conferencia en Dar es Salaam donde se reunirán obispos estadounidenses, canadienses, ingleses y del oeste africano para tratar temas que nos afectan a todos. Esperamos eliminar malos entendidos y por lo tanto construir puentes que puedan fortalecer nuestra relaciones dentro de la Comunión Anglicana. Después visitaré el ministerio de los Carpenter’s Kids (Niños del Carpintero) en varios pueblitos relacionados con las iglesias de Virginia que son tan grandes como St. Paul's, Richmond, o tan pequeñas como Buck Mountain Church, Earlysville. En realidad cada congregación puede involucrase en la obra misionera, en cualquier parte y en todas partes.
La Diócesis de Haití, la diócesis más grande de nuestra Iglesia Episcopal es un caso muy especial dentro de una situación única. Ciertamente, ahora tenemos que mirar en nuestras propias puertas para responder a las necesidades tan críticas, no solo para la ayuda humanitaria sino para ayudar a reconstruir un ministerio de una iglesia tan dinámica a pesar de todas las circunstancias. La carta pastoral que les envié al cumplirse el primer aniversario del terremoto puso las cosas en claro; pero me complace anunciar que ahora tenemos unas 16 congregaciones que han establecido enlaces con la Diócesis de Haití o están considerando establecer nuevos lazos para un ministerio a largo plazo en Haití. Pero a pesar de todo, Haití necesita que todos nosotros participemos.
La Diócesis de Virginia ha participado tan integralmente en desarrollar nuevos lazos de apoyo con la Diócesis de Haití que la agencia de beneficencia y desarrollo Episcopal Relief and Development (ERD) nos llamó poco tiempo después del terremoto. El tema era que habiendo tenido tanto éxito en conseguir ayuda para la Costa del Golfo después del Huracán Katrina, que la ERD se interesó en saber si podríamos hacerlo nuevamente para Haití. Esto resultó en lo que para mi fue casi la mejor parte del año. En un par de semanas la Diócesis de Virginia recolectó más de $240,000: más que suficiente para poder comprar las 10 camionetas que habían pedido y sobró dinero para comprar 3 más.
Lamentablemente no todos los desafíos se solucionan con tanta alegría y no todos los problemas se solucionan tan rápido. La Diócesis de Virginia continúa involucrada con litigios con las congregaciones que quieren seguir controlando las propiedades de la Iglesia Episcopal a pesar de haber decidido separarse de esta iglesia. Nuestra posición es que las propiedades fueron dadas para la misión de la Iglesia Episcopal en la Diócesis de Virginia y que estas propiedades nos deben ser devueltas para ser usadas por nuestras congregaciones y nuestra estrategia misionera. Tenemos cuatro congregaciones que no pueden entrar en sus templos y deben tener los cultos en otros sitios hasta que puedan regresar a sus propiedades. Iglesia Episcopal Falls Church, Falls Church, St. Stephen’s, Heathsville, Epiphany, Oak Hill, y St. Margaret’s, Woodbridge. Es de vital importancia – por razones de fidelidad a nuestra doctrina, disciplina y culto, y por lo que somos como Iglesia – tener un resultado positivo, no sólo para estas congregaciones sino para el resto de la Iglesia Episcopal.
Habiendo dicho esto, los juicios no son los únicos recursos que tenemos para resolver los problemas. Hemos adoptado este curso de acción porque no hemos tenido otra alternativa. Y si es necesario continuaremos haciéndolo. Pero estoy seguro que ninguna de las partes quiere seguir litigando judicialmente. Por lo tanto, permítanme asegurarles que hemos iniciado el diálogo para llegar a un acuerdo y todavía seguimos buscando un arreglo. Dada la necesidad de confidencialidad sobre estos asuntos, no puedo decir nada más por el momento, pero sepan que continuaremos buscando todas las posibilidades para lograr una resolución justa y adecuada a esta disputa.
Todos sabemos que los litigios son muy costosos pero quiero recordarles que estos costos han sido cubiertos por una línea de crédito garantizada por propiedades que no han sido consagradas y sin valor estratégico. Ni un centavo de las promesas que apoyan el presupuesto diocesano ha sido usado para pagar los costos legales. Y hablando de dinero…
Continúo muy afligido y muy preocupado por la falta de apoyo financiero para nuestra diócesis. No se equivoquen: no se trata de problemas de sexualidad o de otras controversias. Desde hace varias décadas Virginia continúa estando en el último lugar de la Iglesia Episcopal en el porcentaje de apoyo al presupuesto diocesano. El promedio de aportes a las diócesis continúa siendo aproximadamente el 6.5% de las ofrendas y diezmos de las congregaciones y sólo el 5.4% de los ingresos irrestrictos a las parroquias. Sólo 18 de nuestras 183 congregaciones ofrendan por lo menos un 10% de sus ingresos a la diócesis. Con todos los recursos de los miembros de nuestras congregaciones y además de todo lo bueno que estamos haciendo al nivel diocesano, no sólo es difícil aceptar, sino que también es difícil de entender.
He visitado la diócesis y he notado que la gran mayoría de las personas no están al tanto de esta situación. Y cuando se enteran de esta dura realidad, no les gusta escucharla. Así que yo creo que esta situación necesita una forma más intensa de educar sobre la mayordomía: una formación destinada a la transformación espiritual y no a verlo como un problema presupuestario.
En general se puede decir que nuestro problema no está en las juntas parroquiales sino en los hogares de nuestros miembros. Si nuestros miembros diezmaran a sus congregaciones o por lo menos aportaran de un 3% al 5%, nuestras congregaciones tendrían abundantes recursos. ¡Imagínense! Estaríamos tratando de saber qué hacer con tanto dinero disponible para el ministerio en lugar de estar agonizando para saber que fondos debemos cortar del presupuesto. Efectivamente: se trata de adoptar un sistema proporcional de ofrendas – dando un porcentaje creciente hasta llegar al 10%: toda una hermosa y poderosa aventura de la vida cristiana. Tenemos miles de años de sabiduría espiritual sobre esta práctica y no es accidental de que se trate de la práctica bíblica. Jesús habló muy claramente sobre la administración fidedigna de nuestros recursos personales. Él nos dice que dando es como recibimos bendiciones espirituales y nos acercamos a Dios. De manera que sólo podemos saber cuánto nos acercaremos a Dios por medio de nuestra fidelidad al ofrendar hasta que realmente lo hacemos. Por favor den a conocer este tema.
Estoy convencido que los medios para adoptar un sistema proporcional de ofrenda y así poder responder a los desafíos que tenemos por falta de fondos en nuestras congregaciones y en nuestra diócesis se encuentran en el compromiso que asignemos a nuestras cinco prioridades para la misión y el ministerio: (1) Jóvenes y adultos jóvenes; (2) Consolidación de congregaciones; (3) Evangelismo y Proclamación; (4) Ministerios multiculturales y multiétnicos; y (5) Obra misionera fuera de nuestra diócesis. Estas prioridades son la piedra fundamental de nuestra vida y ministerio común. Expresan lo que somos ahora y quienes deseamos ser. Cuando en nuestros hogares y juntas parroquiales se capte esta visión nuestras congregaciones tendrán todo lo necesario y además podrán apoyar adecuadamente a nuestra diócesis. No me cabe ninguna duda: el dinero acompaña a la visión. Es mi ferviente esperanza que estas cinco prioridades estarán presentes cuando pensemos o digamos “la Diócesis de Virginia.” Y nosotros queremos que estos ministerios sean apreciados por el público de manera tal que cuando se diga “Iglesia Episcopal” la gente piense en el Evangelio y en el poder salvador del Señor Jesucristo.
Que Dios bendiga a este Concilio y que Dios les bendiga y bendiga a sus iglesias durante todo este año 2011.    
Traducido por el Rev. Thomas Mansella.