Discurso Pastoral

Me siento muy honrado y quiero que sepan cuánto respeto siento por poder dirigirles la palabra por primera vez como el XIII Obispo de Virginia. Hay tanto que se podría decir y hay muchos temas que son verdaderamente importantes. Obviamente, siempre está el tema de un nuevo comienzo. Y no estaría fuera de orden una evaluación de la situación de la diócesis. Pero, aunque existe mucho interés sobre la visión para los años venideros, las controversias actuales también reclaman ser atendidas. Teniendo esto – y muchas otras cosas más – bien presentes, me limitaré a precisar un centro, ser específico y claro en todo lo posible dentro del tiempo que tengo asignado.

Siento que algunos temas importantes de nuestra vida parecerán ser ignorados o simplemente evitados. Pero espero tratar debidamente estos temas por medio de foros públicos locales durante 2010. Siento que es muy desafortunado que algunos de los temas "importantísimos" que tenemos no pueda ser tratado justa y cuidadosamente en el breve tiempo disponible en este Concilio Anual.

Estos dos años y medio pasados como su obispo coadjutor fueron cuidadosamente planeados y muy bien aprovechados trabajando cordialmente con mi antecesor el Obispo Peter Lee y nuestro Obispo Sufragáneo David Jones. Aún así, ustedes comprenderán que las cosas cambiaron profundamente el 1 de octubre, cuando asumí el cargo de obispo diocesano. Al seguir sobre las huellas dejadas por las altas normas que me preceden por décadas y siglos (sin dejar de mencionar las que yo me mismo me impuesto) varias personas me han recordado que debo ser paciente. Esta pequeña dosis de sabiduría es algo que quiero recomendar a este Concilio durante los próximos días y a nuestras congregaciones durante el año venidero. Hay tanta necesidad de paciencia y perspectiva como de trabajo duro, claridad y visión.

Las expectativas sobre un nuevo ministerio episcopal son muy variadas: pueden ser grandes, inquietantes, esperanzadas y hasta suspicaces, todo al mismo tiempo y yo creo que este es la situación actual. Dada esta inevitable realidad he decidido que la mejor forma de proceder es que en este discurso trate de responder a lo que cientos de personas, jóvenes y adultos, me han dicho como resultado de las siete reuniones públicas que se organizaron el otoño pasado. El propósito de estas reuniones fue recopilar información y a escuchar atentamente para comenzar a discernir el camino que en la Diócesis de Virginia tenemos por delante. Me complace informarles que este propósito ha sido logrado. Los participantes con hicieron comprometidos con el proceso y respondieron con comentarios muy honestos. Recibimos la información y los datos que estábamos esperando en una forma franca, abierta, honesta, dirigida por el Espíritu y plena de un compromiso personal.

En general, las respuestas fueron sorprendentemente similares en todas las reuniones. Teniendo en cuenta algunas variables, las mismas cinco prioridades (aunque en orden un poco diferente) estuvieron al tope de la lista. También me complace informarles que mi propia experiencia en la diócesis y el subsecuente proceso de discernimiento concuerdan plenamente así como las conversaciones que he tenido con el Obispo Jones.

  • Juventud y formación de adultos jóvenes
  • Consolidación de las congregaciones existentes
  • Evangelismo / Proclamación
    • Incluyendo la autodefinición mediante los medios de comunicación
  • Ministerios multiculturales y multiétnicos
  • Misión más allá de nosotros mismos
    • Obra local, y misión mundial y doméstica

Para comenzar, noten cuan interrelacionadas estás estas categorías entre sí (tal como "misión más allá de nosotros mismos" con "evangelismo / proclamación," y "consolidación de las congregaciones existentes" con "juventud y formación de adultos jóvenes." Creo que estas interrelaciones no son tanto duplicaciones sino que son señales alentadoras de cómo podríamos hacer las cosas. Ciertamente, estas cinco prioridades nos servirán como puntos de referencia esenciales para nuestra misión durante los próximos años.

Otras prioridades también tuvieron su importancia, tales como mayordomía, liderato, comunicaciones y esclarecimiento de la misión. Sin embargo, creo las veo no tanto como prioridades en sí mismas sino como medios para un fin, así que las estoy usando de un modo diferente. Ahora sabemos "qué" (juventud, evangelismo, etc.) pero ahora necesitamos especificar "cómo." Debemos establecer metas específicas y formular estrategias que pongan vida a estas prioridades. Obviamente, para poder hacer bien estas cosas y servir a nuestra misión común eficazmente no cabe duda que las promesas para el presupuesto diocesano tengan que aumentar significativamente. Pero, si ustedes concuerdan con estas prioridades, ustedes sabrán lo que es necesario hacer para lograrlas. Además, si la diócesis se va a concentrar en la formación de jóvenes y adultos jóvenes y en ministerios multiculturales y multiétnicos, debemos identificar y reclutar a los líderes apropiados. Todas las cinco prioridades deben tener su misión claramente establecida si queremos lograr tener verdadera integridad, incluyendo medios múltiples de comunicación de primera calidad. Me complace informarles que una evaluación importante de nuestra estrategia de comunicaciones y capacidades ya está bien encaminada. Ustedes ya deberían haber comenzado a notar algunos de los primeros resultados de este emprendimiento.

Quisiera contarles algo de lo que visto y he experimentado sobre estas cinco prioridades para el ministerio y las esperanzas que tengo para los próximos dos o tres años. Es justo decir que la consolidación de nuestras congregaciones es una fuente de considerable energía (y cierta preocupación) en nuestra diócesis. Esta prioridad ocupó un segundo lugar con mucha firmeza en no menos de 5 de las 7 votaciones de las reuniones, empató el primer lugar en 1 votación y el tercero en otra. El contexto es un marcado contraste entre las prioridad asignada hace algunos años atrás para fundar nuevas congregaciones. Dada nuestra reciente experiencia con algunas de estas nuevas congregaciones que decidieron separarse de la diócesis (habiendo recibido un formidable apoyo espiritual, humano y económico), es obvio que hay muchos quienes en la diócesis tienen un profundo sentido de pérdida, dolor y, sí, hay que decirlo, también de haber sido traicionados y por lo tanto tienen temor de comenzar nuevas iglesias. Por lo tanto, no puede sorprenderle a nadie que la fundación de nuevas iglesias quedó en la última categoría, excepto en una ocasión donde fue la penúltima. Parece ser que con los recursos tan escasos, los mismos deben ser usados para sostener un ministerio bien probado y estable como el de las congregaciones existentes. Ciertamente puedo comprender este sentimiento, pero ¿verdaderamente podríamos afirmar que nuestra diócesis abandona cualquier visión de fundación de nuevas iglesias? No puedo creerlo. Yo no lo puedo creer. En cambio, quiero que aprendamos del pasado y pongamos sobre la mesa nuestra mejor planificación y ejecución. Y ciertamente, una forma de cumplir algunas de las prioridades identificadas, como el evangelismo y el ministerio multicultural y multiétnico y la formación de jóvenes y adultos jóvenes en realidad implica fundar nuevas iglesias. Así que: ¡manos a la obra!

Y no tengan dudas que podremos hacerlo.

Sin embargo, la tarea que enfrentaremos ­– consolidar las congregaciones existentes – continuará siendo la tarea principal. ¿Qué quiere decir? ¿Qué puede hacer una diócesis y dónde es un lugar apropiado para estos esfuerzos? ¿La orientación diocesana, la programación y el personal serían bien recibidos localmente? Ya que las necesidades varían de lugar en lugar, con metas que obligan a tener estrategias individuales, ¿cómo organizaremos la tarea para las estructuras organizativas y los recursos humanos de la Diócesis de Virginia para dirigir la consolidación de nuestras iglesias locales? Estas son preguntas fundamentales que deben tener respuesta antes de lanzarnos a la carga con buenas intenciones. Por lo tanto, inmediatamente comenzaré esta investigación formulando estas preguntas con los deanes y presidentes regionales. También podría ser útil formar una comisión especial. De todos modos, una objetivo será formular propuestas sobre la mejor forma en que la diócesis podría asociarse a las congregaciones locales en forma decidida en los frentes de lucha de su vida y ministerio.

Y no tengan dudas que podremos hacerlo.

La primerísima prioridad, la formación de jóvenes y adultos jóvenes ocupó el primer lugar en todas nuestras reuniones regionales. Esta unanimidad surge tanto de nuestra afirmación de los actuales ministerios juveniles como de la preocupación sobre el propio futuro de la Iglesia. Existe un sólido apoyo para nuestros programas de campamentos en Shrine Mont y mucho entusiasmo con los líderes del Parish Youth Ministries (PYM) entre nuestros comulgantes más jóvenes. En realidad, nuestro ministerio juvenil galardona nuestra diócesis y es una de las razones principales para el apoyo diocesano.

Siempre hay algo que se puede hacer mejor y nada avanza tan rápidamente como el trabajo que se hace con algo que ya es bien sólido. No nos vamos a dormir en los laureles y no nos vamos a escapar del desafío de hacer todavía más. Les pido que consideren que un ministerio juvenil vibrante y extenso es el mejor remedio para los problemas del malestar y las controversias en la iglesia.

Y no tengan dudas que podremos hacerlo.

A pesar de que hacemos mucho por la juventud, relativamente (¿demasiado?) poco por los adultos jóvenes. Con notables excepciones, la mayoría de nuestras iglesias carecen totalmente de "veinteañeros." Creo que esta es una falla importante, no sólo para las oportunidades del ministerio contemporáneo pero en el desarrollo de líderes para el futuro en cada una de nuestras congregaciones. Para comenzar a responder a este desafío, este año comenzaré a convocar conferencias en los días sábados para los "veinteañeros" para que podamos escucharlos así como aprender y alentarlos. Espero que estas conferencias den como resultado un movimiento dentro de la diócesis que nos mantendrá bien atentos y responsables para la formación de adultos jóvenes. En realidad, nuestra tarea ya ha comenzado con un viaje misionero para adultos jóvenes a Haití concebido y coordinado por dos personas jóvenes de nuestra oficina: Cathy Gowen y Paris Ball. Aunque fue necesario posponerlo debido al terremoto, iremos (repito: ¡iremos!) a Haití tan pronto ellos estén listos para recibirnos.

¡Evangelismo! Evangelismo y proclamación. Fundamentalmente, este es el tema de nuestro Concilio. "Id", "predicad", "enseñad" y "bautizad" son elementos fundamentales de la Gran Comisión que nuestro Señor nos encomendó. Esta es la misión fundamental de la Iglesia y creo que nosotros debemos darle más atención que lo que estamos haciendo. Las estadísticas y datos públicos indican que aproximadamente el 60% de los estadounidenses no asiste o pertenece a una iglesia. Y no sólo son estas personas las que necesitan escuchar la proclamación de fe y quienes necesitan ser enseñados. Durante mis viajes par alas visitaciones dominicales me he encontrado con muchas personas (y estos hablando de comunicantes adultos y activos e incluso líderes) que me confiesan o bromean sobre lo poco que ellos saben sobre las enseñanzas cristianas más básicas. Seguramente otras personas saben más sobre la fe y lo que representa para ellos pero realmente no saben mucho sobre la Iglesia Episcopal y su forma de ser. Un conocimiento poco adecuado sobre nuestra fe y la Iglesia no es la situación en que queremos mantenernos juntos. Estos instando a nuestros clérigos y educadores a reevaluar la enseñanza que ofrecen y la asistencia que tienen, primariamente para los adultos: creo que este es un buen punto para comenzar. Estoy tratando de decir que en la vida de la iglesia debe haber un curso de instrucción, permanente y sustancioso, sobre los "Fundamentos de la Fe y la Iglesia" que sea atractivo y respetable.

¿Y qué vamos a hacer con ese 60% de las personas que nos rodean? Sobre este punto no creo que los programas o los expertos sean la mejor respuesta. Naturalmente, estas cosas son vitales pero hay algo mucho más importante que está en juego. Hace unos años se hizo un estudio que examinó un periodo de diez años en que las personas que no asistían a la iglesia comenzaron a asistir a las congregaciones y miembros que las habían abandonado "volvieron" a su iglesia. Este estudio demostró que nueve de cada diez personas asistieron a la iglesia simplemente porque alguien que les conocía o con quienes tenían contacto los invitó. Hacerlo nos toca a todos y a cada uno de nosotros, y espero que ustedes encuentren alentador saber cuánta oportunidad y poder tenemos para lograr algo en la vida de otras personas.

Y no tengan dudas que podremos hacerlo.

También podríamos avanzar mucho en el evangelismo y la proclamación si nos servimos de los medios públicos de comunicación en lugar de la multimedia. Desde hace mucho se ha dicho que en la Iglesia Episcopal nuestra liturgia es nuestra mejor herramienta de evangelización (¡considere entonces la importancia que tiene cuidar muy bien todos los aspectos del culto público!) Creo que esta definición muy propia puede ser nuestra mejor proclamación para el público en general. En estos tiempos en que la palabra "cristiano" se usa muchísimo como una palabra clave para definir estrechamente categorías sociales y políticas, debemos mostrarnos lo que somos: una amplia comunidad de fe que abarca desde la izquierda a la derecha pero que comparte un compromiso común con Cristo y con los unos y los otros. ¡En esta época este testimonio infrecuente en verdad es evangelismo y proclamación!

Y no tengan dudas que podremos hacerlo.

Con respecto a los ministerios multiétnicos y multiculturales tenemos varias congregaciones latinas, asiáticas y afroamericanas muy entusiastas y estoy orgulloso del testimonio que ofrecen para y desde la Diócesis de Virginia. Tenemos clérigos muy dedicados que trabajan muy duramente, usualmente sin tener disponibles recursos adecuados. Es muy frustrante que a veces no es fácil conseguir líderes ordenados. Así como en la película "Los Diez Mandamientos", muchas veces les estamos pidiendo a estos clérigos y sus congregaciones "que hagan ladrillos sin usar paja." Ciertamente debemos unirnos para proveer y apoyar a estas congregaciones y tanto es así que es una área donde iniciar nuevas congregaciones presenta estimulantes oportunidades. "La mies es mucha, pero los obreros son pocos. Oremos al Señor que envíe obreros a su mies." Sin tener en cuenta sus circunstancias, tal vez este sea el campo misionero más importante y fructífero para la iglesia en estos momento y para dentro de una o dos generaciones el multiculturalismo y la identidad étnica serán factores dominantes en muchas partes de nuestra diócesis. Yo prometo a los correspondientes comités y comisiones que yo les acompañaré en sus tareas y confío que ustedes saben que tendremos que elevar nuestras miras y metas considerablemente.
Y no tengan dudas que podremos hacerlo.

Estoy convencido que el ministerio más allá de nosotros mismos, ya sea la obra social o la misión doméstica o internacional, tal como el evangelismo, es parte del corazón del Evangelio. También se que estos ministerios son la mejor forma de sanar las divisiones que tenemos. Las líneas que nos separan son eliminadas por la misión hacia los demás. Durante los últimos años he quedado muy impresionado por los verdaderamente valiosos ministerios de obra social ofrecidos por muchas de nuestras iglesias. ¡Cuánto estamos haciendo en todas partes de la diócesis! Y en el resto del mundo, dudo que haya otra diócesis de la Iglesia Episcopal esté tan involucrada en dar y en recibir ministerio en otras provincias anglicanas como lo está nuestra diócesis. Nuestros lazos y asociaciones son enormes ejemplos de la forma en que la gracia y el poder de Dios están obrando en las vidas de nuestra iglesia en Virginia.

Sin embargo, es en el área de la misión doméstica donde quisiera ver un compromiso creciente y más coordinado. Es cierto, tenemos una buena cantidad de congregaciones enviando equipos a varias partes del país (tal como el área de la Costa del Golfo para la ayuda posterior a Katrina) pero nuestros mayores recursos diocesanos también deberían tener un papel preponderante en estos ministerios. Yo siempre he dejado en claro que tengo mucho entusiasmo por el ministerio don los pueblos nativoamericanos. Noten que he dicho "con" porque creo que una de las mejores cosas que podamos hacer en este ministerio es aprender de ellos. Soy consciente de que muchas de nuestras congregaciones han estado trabajando en reservaciones en el oeste, pero creo que es hora de ampliar nuestra tarea. Según veo, deberíamos hacer estos haciendo que este ministerio esté más cerca de nosotros. Me parece posible que podamos hacer más ministerio y tareas más interesantes al lado de nuestras casas con la población aborigen que tenemos tan cerca y en todas partes de Virginia.

Y no tengan dudas que podremos hacerlo.

Es más; esta es una área del ministerio que ofrece a la diócesis una excelente oportunidad para trabajar con las otras diócesis de Virginia pues compartimos una historia ambigua con los nativoamericanos y existen posibilidades promisorias que renuevan y renovarán nuestras relaciones. Opino que las tres diócesis de Virginia deberían trabajar más juntas y esta es la mejor forma de comenzar. Ya he hablado con el Obispo Hollerith de la Diócesis del Sur y el Obispo Powell de la Diócesis del Sudoeste y ambos están muy entusiasmados por las posibilidades que se presentan. Para otras alternativas y mirando mucho más lejos, también he hablado con mi amigo el Rvmo. Ed Kornieczny, Obispo de Oklahoma sobre la posibilidad de recibirnos para una misión con las comunidades nativas de allá, y él ha sido muy amable en afirmar estas posibilidades.

Como ya lo he dicho, estas cinco prioridades serán el punto cardinal para nuestra misión común para los próximos años. Naturalmente, debemos continuar desarrollando la visión para los ministerios que ahora cumplimos tales como nuestros centros en Shrine Mont y Roslyn. Considero que estos sitios son fundamentales para encarnar nuestras prioridades. No podría sentirme más satisfecho con mis relaciones con estos centros importantes de nuestra vida diocesana. Bajo la dirección de Kevin Moomaw, Shrine Mont está avanzando mucho para asegurar su futuro, actualizando y mejorando las instalaciones y manteniendo su excelencia como anfitrión de nuestros programas. En cuanto a Roslyn, con Kass Lawrence, director, y con una Junta de Fideicomisarios y Directores muy comprometida hemos estado trabajando duramente para crear una nueva visión para el ministerio. Todavía no podemos hacer anuncios oficiales pero puedo anunciarles que estaremos creando un ministerio en Roslyn que en forma seria y substancial tratará de ser el mejor centro de recursos para espiritualidad personal y para las mejores prácticas congregacionales de nuestra región atlántica.

Y no tengan dudas que podremos hacerlo.

Estén atentos para recibir más informaciones en el próximo futuro.

Si la misión es la "sangre" de la iglesia, entonces nuestro latido es el culto. Como su obispo no hay nada que pueda decir con más urgencia o convicción. Quiero implorarles que nos volvamos a comprometer con la importancia fundamental del culto dominical. Dicho simplemente: los cristianos no son personas que se levantan el domingo y tratan de decidir y van o no van a asistir a la iglesia. Estar presentes el domingo en la iglesia es la verdadera esencia de lo que verdaderamente somos como bautizados en Cristo.

Quiero enfatizar esto porque estoy bastante alarmado por lo que los números nos dicen. Desde 1990 aunque el número de comulgantes en regla ha aumentado de 53,000 a 64,000 (casi un 21%) nuestra asistencia dominical promedio (la estadística más significativa de la vida real de una iglesia) en realidad disminuyó un 19%. En otras palabras, estamos aumentando la cantidad de personas que apoyan la iglesia pero cada vez menos personas asisten al culto regularmente. Una cantidad actual de asistencia dominical de 24,200 y una cantidad de comulgantes en regla de 63,900 demuestra una desalentadora proporción de un 37% de nuestro pueblo que se hace presente en el culto dominical. No se trata de contra por contar, porque en realidad estamos hablando de poner prioridad en el culto y esto apunta al corazón de nuestro discipulado con Jesús.

Estos números me sugieren que como Diócesis de Virginia, somos como un gigante dormido. Lo alentador es que podemos despertarnos.Considere que los que tienen entradas de temporada para eventos deportivos o artísticos asisten mejor con lo que se han comprometido. Bueno, no se olviden que como discípulo de Jesucristo usted también tiene una "entrada de temporada" y se llama vida eterna.¡No se olviden de demostrarlo! Yo amo mucho a esta diócesis y a ustedes, pero mi responsabilidad como obispo es muy importante como para no decirles que la asistencia al culto es alarmante y no debería ser aceptable para nadie. Atender a esta realidad debe ser una parte muy importante de lo que hacemos juntos para poder apoyar a las congregaciones existentes. Para comenzar, quiero pedir al clero y a las juntas parroquiales para imponernos una meta de lograr que el 50% de comulgantes esté presente en el culto dominical.

Y no tengan dudas que podremos hacerlo.

Estas estadísticas son un gran contraste con mis experiencias durante las visitas dominicales. Quiero decirles que mis experiencias dominicales son realmente muy sorprendentes. De un extreme de la diócesis hasta el otro se nota una verdadera devoción a Jesucristo que se hace evidente en las vidas. En iglesias grandes y pequeñas se nota un amor extraordinario hacia la Iglesia Episcopal que es absolutamente palpable. He visto un compromiso con el ministerio y entre unos y otros que es inspirador y he sido recibido muy cordialmente y tan bien tratado en todas partes donde he estado. Cuando regreso a casa los domingos a la tarde llego totalmente entusiasmado. Quiero agradecerles a todos y a cada uno por esto.

A veces me preguntan cuál es la misión de la Diócesis de Virginia e, incluso por qué existe la diócesis. Así que para concluir quiero contarles lo que he llegado a entender después de casi tres años aquí como un obispo: La misión de la Diócesis de Virginia es adorar a nuestro Señor Jesucristo, consolidad nuestra unidad en medio de la diversidad y servir al mundo en el poder del Evangelio como una parte de la Santa Iglesia Católica.

La Diócesis de Virginia es como la iglesia que existe en todo el país y también en el mundo entero. Confío que continuaremos edificando una diócesis que se parece a la totalidad de la Iglesia Episcopal en nuestra tradición anglicana y el anglicanismo con sus normas históricas es un microcosmos de toda la cristiandad: protestante y católica, liberal y conservadora, tradicional y modernista, sencilla y ceremoniosa, evangélica y moderada. Esto es muy complicado; es bueno y no tan bueno. Aunque es alentadora en su catolicidad, sin embargo es una receta inquietante. No es como ser la "iglesia ideal" que alguna persona puede imaginarse. Pero esto es lo que somos, y lo que debemos luchar para mantener y superar. Incuestionablemente, esta amplitud quiere decir que tenemos algo único y muy valioso para ofrecer como parte del Cuerpo de Cristo. ¡Hagámoslo!

¡Y no tengan dudas que podremos hacerlo!

-- Traducido por el Rev. Thomas Mansella.