Mensaje de Semana Santa (Holy Week Message in Spanish)

Jesús dijo: “Todavía, por un poco de tiempo, la Luz estará entre ustedes. Caminen mientras tengan la Luz, para que no los sorprendan las tinieblas; el que anda en la oscuridad no sabe adónde va. Juan 12:35

 

Estimadas hermanas y hermanos en Cristo:

Semana Santa es la peregrinación más larga del año. Comenzamos el camino en las afueras de Jerusalén, cerca del Monte de los Olivos, donde los discípulos ponen sus capas sobre un borrico y donde Jesús se sube. Es un espectáculo ridículo: Una persona mayor subida sobre un borrico, sus pies colgando hasta el suelo. Todos saben que los verdaderos reyes montan caballos de gran porte y no borricos. Pero Jesús elige ser una parábola viviente, una parábola de humildad. Jesús elige abrazar la insensatez aparente para revelar la sabiduría de Dios, una aparente debilidad para mostrarnos un poder real.

Continuamos la caminata en Getsemaní donde los discípulos se duermen mientras Jesús reza, en agonía. Esto también se torna en una situación ridícula:  Soldados armados hasta los dientes para arrestar al Príncipe de Paz.  Además, un discípulo huye desnudo. Nos quedamos sólo porque miles de kilómetros y miles de años nos aíslan del peligro. De lo contrario, nuestra caminata terminaría tan rápido como la de ellos.

Caminamos con Jesús hacia la burla que es un juicio donde los poderosos mienten y presentan falsas acusaciones. Caminamos con Pedro, amigo de Jesús, que le niega tres veces y luego llora lágrimas amargas. Estas, también, son situaciones ridículas:  Aquellos que tienen el control inventan ficciones, aquellos con gran amor, sucumben al miedo.

A medida que caminamos, vemos a Jesús burlado, despojado y golpeado, deseando que pudiéramos estar tan lejos como los discípulos, deseando huir como ellos lo hicieron, porque el dolor y el temor son demasiado para poder soportarlos. Caminamos aún más lejos, siguiendo a Jesús mientras lleva su cruz, llorando con las mujeres que conoce en el camino. Y nos detenemos, nuestros pies dejan de moverse, mientras miramos desde la distancia a Jesús colgado de una Cruz. Esto, también, sería un espectáculo ridículo si no fuera tan agonizante. Un hombre maduro, aclamado sólo días antes como rey, colgando despojado, expuesto, impotente. Pero Jesús elige ser una parábola viviente, una parábola de humildad. Jesús elige abrazar la insensatez aparente para revelar la sabiduría de Dios, una aparente debilidad para mostrarnos un poder real.

¿Acompañaremos a Jesús el resto del camino? Cuando nuestras vidas, o las vidas de los que nos rodean, nos lleven a situaciones de prueba y sufrimiento, ¿caminaremos allí con Jesús? Cuando las amargas y feas realidades de un mundo necesitado irrumpan en nuestras vidas, ¿vamos a salir de nuestras preocupaciones habituales para acompañar a Jesús?   Cuando nos enfrentamos a decisiones difíciles, ¿elegimos ser una parábola viviente, una parábola de humildad, como lo izo Jesús? ¿Abrazarías la aparente insensatez para revelar la sabiduría de Dios, una aparente debilidad para mostrar al mundo un poder real?

Que Dios nos dé esta clase de valor. En las palabras inspiradas en una colecta del Libro de Oración de Nueva Zelanda, oremos:

Jesús, cuando caminaste por el camino del amor, la gente gritó con alegría, gritaron sus acusaciones, gritaron de dolor. Concédenos tu fuerza para que, cuando los gritos cesen, sigamos caminando contigo hasta la Cruz, todo el camino hacia una nueva vida. Amén.

Su hermana en Cristo,

Obispa Susan 

Traducido por el Rvdo. Thomas Gustavo Mansella.