A Message for Holy Week from Bishop Susan Goff; Un Mensaje para le Semana Santa

A video reflection from Bishop Susan Goff to the people of the Diocese of Virginia Click here 

Un Mensaje para le Semana Santa haga clic aqui­ 

Dear Friends in Christ,

We have entered into a Holy Week unlike any we have known. Yesterday, our shouts of Hosanna rang thin as we offered them in solitary. We remembered crowds of many kinds that gathered in the last week of Jesus life, without being able to gather ourselves. As this week progresses, we won’t be able to enact beloved, meaningful rituals in our church buildings, with our church families - the washing of feet, the extinguishing of candles, the stripping of the altar. And we remain deeply aware that we will not gather in person to celebrate the wonders of resurrection joy when Easter morning dawns.

The losses we experience in this time of coronavirus grieve our hearts. Grief has become a daily companion as our lives are changed in these changing times.  Such grief may not be a welcome companion this Holy Week, but it can and will it draw us close to the broken, healing, loving heart of God.

The heart of Jesus broke with grief as he prayed in the Garden of Gethsemane.

The hearts of his men disciples broke as they ran away in fear when Jesus was arrested.

The heart of Peter broke when he denied that he even knew Jesus.

The hearts of Jesus’ mother and the women disciples broke as they saw his agony on the cross.

The heart of God was torn when Jesus died and the sky turned black.

God grieved. God grieves still in the face of the suffering of God’s  sons and daughters and children. Our grief carries us right to the heart of God.  And there, grief is transformed by the power of love. 

A favorite hymn of Holy Week makes his connection. In verse 3 of When I Survey the Wondrous Cross, we sing,

“See from his head, his hands, his feet

Sorrow and love flow mingled down

Did e’er such love and sorrow meet

Or thorns complex so rich a crown.”

Sorrow and love meet in this Holy Week. Our grief and our love mingle, as Jesus’ own did. Because the sacrifices we are making in this time of coronavirus are acts of love; they are for the sake of others, particularly the most vulnerable among us.  We protect each other as well as ourselves by staying at home and washing our hands and wearing masks when we go out.  As we act together, we flatten the curve and reduce the number of deaths.  We do it for our communities and our world society. And because we do it for others, it is an act of love. Pure love.

And when love and sorrow meet, when love and grief flow mingled down, there we are right in the middle of the beating, loving, endlessly transforming heart of God.

So be of good courage this Holy Week.

Never be afraid.

Because God who created you is always with you.

And loves you fiercely.

And the blessing God almighty,

Creator, Christ and Holy Spirit,

Be with you and remain with you

This day and forevermore. Amen.

Mensaje de Semana Santa del 2020

Estimados amigos en Cristo:

Hemos comenzado una Semana Santa distinta a las que hemos conocido. Ayer, nuestro grito de Hosanna pareció débil al ofrecerlo en soledad. Recordamos a las muchedumbres de diferentes tipos que se reunieron en la última semana de la vida de Jesús, sin poder estar juntos. A medida que avanza esta semana, no podremos participar en los rituales tan apreciados y significativos en nuestras iglesias, con nuestras familias parroquiales: el lavado de los pies, apagar las velas y sacar todo del altar. Y sabemos profundamente que no nos uniremos en persona para celebrar las maravillas de la alegría de la resurrección cuando llegue la mañana de la Pascua.

Las pérdidas que experimentamos en este período de coronavirus afectan a nuestros corazones. El dolor se ha vuelto un compañero diario al cambiar nuestras vidas en estos tiempos de cambio. Dicho dolor podría no ser un compañero bienvenido esta Semana Santa, pero puede y nos unirá más al corazón cariñoso, sano y acongojado de Dios.

El corazón de Jesús se rompió con dolor mientras rezaba en el Jardín de Getsemaní.

Los corazones de sus discípulos se rompieron al correr con miedo cuando Jesús fue arrestado.

El corazón de Pedro se rompió cuando negó conocer a Jesús.

Los corazones de la madre de Jesús y las mujeres discípulas se rompieron al ver su agonía en la cruz.

El corazón de Dios se rompió cuando Jesús murió y el cielo se oscureció.

Dios sintió dolor. Dios todavía siente dolor ante el sufrimiento de los hijos, hijas y niños de Dios. Nuestro dolor nos lleva al corazón de Dios. Y allí, el dolor es transformado por el poder del amor. 

Un himno favorito de Semana Santa explica esta conexión. En el verso 3 de Al contemplar la excelsa cruz (When I Survey the Wondrous Cross), cantamos;

“Vea de su cabeza, sus manos, sus pies

Como caen mezclados la tristeza y el amor

Se encontraron alguna vez tanta tristeza y tanto amor

O espinas crearon una corona tan rica."

La tristeza y el amor se unen en esta Semana Santa. Nuestro dolor y nuestro amor se mezclan, como lo hicieron los propios de Jesús. Porque los sacrificios que hacemos en este período del coronavirus son actos de amor; son para proteger a los demás, particularmente a los más vulnerables entre nosotros. Nos protegemos mutuamente así como a nosotros mismos al quedarnos en casa y lavarnos las manos y usando máscaras cuando salimos. Al actuar juntos, bajamos la curva y reducimos el número de muertes. Lo hacemos para nuestras comunidades y la sociedad de nuestro mundo. Y porque lo hacemos para los demás, es un acto de amor. Amor puro.

Y cuando se unen la tristeza y el amor, cuando caen el amor y la tristeza, estamos allí en medio del corazón de Dios que late, que ama, que transforma sin final.

Por lo tanto, tenga coraje esta Semana Santa.

Nunca tengan miedo.

Porque el Dios que los creó está siempre con ustedes.

Y los ama decididamente.

Y la bendición de Dios todopoderoso,

Creador, Cristo y Espíritu Santo,

Esté con ustedes y permanezca con ustedes

Este día y para siempre. Amén.